
La observación es simple: estamos para atrás. No tenemos tiempo para contemplar la belleza y mucho menos para conocerla. Prueba de ello es un interesante experimento que realizó el diario The Washington Post y que muestra- un avez más- la ignorancia de la gente en Estados Unidos. La cosa fue así: Hora pico en el subte de Nueva York, el mejor violinista del mundovestido sin demasiadas galas interpreta piezas magistrales con su stradivarius de 1713. Y nadie le da ni cinco de bolilla!!!
Fue el viernes 12 de enero -aunque lo supe hoy-. El joven músico Joshua Bell, considerado por los expertos como la creme de la creme entre los violinistas, se instaló en el hall de la estación de L’Enfant e interpretó seis piezas de Bach y Schubert con su stradivarius ‘Gibson ex Huberman’, una pieza única en el mundo. La actuación duró exactamente 43 minutos.
Expertos citados por el diario vaticinaron que como mínimo se tendrían que formar colas de decenas de personas para escuchar su música. Además, habían calculado, que la maestría del Joshua le haría recaudar como mínimo unos 150 dólares.
Pero la realidad fue otra. Durante los 43 minutos, pasaron más de 1000 personas al lado del violinista, pero no se produjeron tumultos ni ataques de histeria de fanáticas. Nadie lo reconoció y recaudó apenas 30 dólares.
Algunas de las pocas personas que se detuvieron a darle unas monedas, muchas de un centavo, ni siquiera se pararon a escuchar y lo peor: nadie aplaudió.
Joshua confesó al Washington Post, que le propuso hacer el experimento, que "era una sensación extraña: la gente me ignoraba. Por otra parte me sentía extrañamente agradecido cuando alguien me tiraba a la funda del violín unos centavos. Eso sí, el violinista declaró con amargura como "al acabar una pieza, nadie aplaudía".
Aunque parezca que el arte no le importa a nadie, la nota positiva la puso una mujer que se detuvo ante Joshua y al terminar de tocar le dijo: "Te vi en la Biblioteca del Congreso. Fue fantástico. Ésta es una de esas cosas que solo pueden pasar en esta ciudad". Si obvio, sólo en Nueva York no se conoce al mejor violinista del mundo.
Fuente: Miguel Pato de Periodista Digital