
Los autores pasan toda su carrera viviendo en el futuro. El Homeland Secutrity quiere aprovechar su imaginación para diseñar planes de contingencia y anticiparse a posibles ataques.
"Nosotros pasamos toda nuestras carreras viviendo en el futuro”. La frase que podría haber sido pronunciada en una conferencia sobre literatura y ciencia ficción resuena en los pasillos del poderoso Homeland Security. La dijo Arlan Andrews, uno de los autores que fue convocado por el gobierno de George W. Bush a Washington para que de una mano en nada más y nada menos que en la lucha contra el terrorismo.
La idea es simple y arriesgada: como los escritores tienen una imaginación privilegiada, pretenden aprovecharla para anticiparse a posibles ataques terroristas. Para eso, el superministerio de Seguridad organizó una conferencia y reunió a importantes escritores de ciencia ficción y golpeó a la puerta de sus fantasiosos cerebros. Andrews contó la explicación que le dio el gobierno al convocarlo: “necesitamos gente que tenga ideas locas” y nadie mejor que uno de los autores de Timelost para ayudarlos.
Los escritores forman parte de un grupo llamado Sigma y creado por el gobierno de EE.UU., que se reunió por última vez a finales de los 90, cuando sus miembros se juntaron con científicos americanos para discutir cómo podía llegar a ser la Era post-nuclear, recordó Grez Bear, uno de sus miembros y autor de 30 libros de ciencia ficción, incluyendo el best seller Darwin's Radio.
Pues bien, el Homeland Security desempolvó al Sigma y los re-unió para que colaboren en pensar cuáles pueden ser los próximos intentos terroristas. No hay que olvidar que la Comisión del 9/11 determinó que los ataques a las Torres Gemelas fueron el resultado de las fallas de imaginación del gobierno de Bush.
Aunque muchas de sus ideas hoy pueden parecer locas - por eso son ciencia ficción- los científicos han corroborado que en muchas ocasiones los escritores no estuvieron tan errados. “Cincuenta años atrás, los escritores de ciencia ficción nos hablaban de autos voladores y de comunicadores manuales inalámbricos”, explicó Christopher Kelly, vocero de la División de Ciencia y Tecnología del Homeland Security. "Si bien, los autos voladores todavía no se han desarrollado, los celulares son parte de nuestra nueva forma de vida. Necesitamos mirar a todos lados en busca de ideas y los escritores de ciencia ficción son uno de esos lados que debemos mirar", agregó.
Bear explicó que no solo pueden imaginar posibles métodos de ataques, sino también ideas sobre cómo los gobiernos y las personas pueden responder. Pero no cualquiera puede formar parte de su selecto grupo. Para hacerlo hay que tener al menos un doctorado. "Estamos locamente bien calificados”, dijo Jerry Pournelle, co-autor de los best sellers Footfall y Lucifer's Hammer, entre otra docena de libros.
Pournelle y otros escritores de ciencia ficción han pasado sus vidas estudiando los tipos de tecnologías y escenarios que los oficiales del Homeland Security comenzaron a abordar desde que el superministerio empezó a funcionar en 2003.
"Hablamos mucho de gente extraña y de cosas raras”, dijo Bear, como si los terroristas fuesen especies de extraterrestres y no personas. Su último libro, Quantico es un thriller de ciencia ficción en que agentes del FBI y expertos en bioterrorismo persiguen a un terrorista norteamericano. Otro de los escritores que aporta al Homeland es Sage Walker, una ex médica emergentóloga, la única mujer del grupo.
Entre las ideas que circularon, una fue la posibilidad de diseñar genéticamente perros cuyo cerebro sea capaz de advertir a las Fuerzas de Seguridad qué tipo de explosivos están olfateando al descubrir una bomba. Aunque parezca disparatada la idea, para estos escritores no existe el escenario imposible. Tampoco hay que olvidar que cientos de las tecnologías imaginadas por estos escritores en el pasado, hoy están entre nosotros: Robert Heinlein imaginó celulares, robot-armas a control remoto, hornos microondas y camas de agua. H.G. Wells pergeñó en su mente la bomba atómica, los aviones, la televisión y los joysticks. Y Arlan Andrews apostó por el turismo especial y por los e-books.
Fuente: USA Today








